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TODO EMPEZÓ CON EL NÚMERO 9

Empecé a seguir a los Saints en 2011. Todo comenzó viendo un Saints-Lions en el que me enamoré de la forma de jugar de un tipo que llevaba el dorsal número 9: Drew Brees. A partir de ahí fui descubriendo poco a poco todo lo que había detrás de aquel equipo. Su historia, Nueva Orleans, sus aficionados… y también décadas de desgracias, derrotas y frustraciones.

Había encontrado a mi equipo.

Los primeros años fueron, sobre todo, años de aprendizaje. Primero tenía que entender aquel deporte que acababa de descubrir: sus reglas, sus posiciones, sus estrategias y todo lo que ocurría en un campo de football. Al mismo tiempo intentaba saber cada vez más sobre los Saints. Ya no bastaba con ver los partidos. Quería conocer a sus jugadores, su historia y todo lo que rodeaba al equipo.

El final de aquella etapa coincidió con el nacimiento de Casa Saints. Encontrar un lugar donde compartir la afición con otros seguidores cambió por completo mi manera de vivir a los Saints. A partir de ahí, mis conocimientos sobre el equipo crecieron muchísimo, pero también comenzó a hacerlo algo que con el tiempo se convertiría en otra parte importante de esta afición: mi colección de material de los Saints.

Con los años, aquella afición también empezó a ocupar espacio físico. Mucho espacio. Banderines, bufandas, pins, muñecos y todo tipo de objetos relacionados con los Saints fueron formando una colección que continúa creciendo. Pero, por encima de todo, están los cromos autografiados, tanto de jugadores actuales como de nombres que forman parte de la historia de la franquicia.

Entre todo ese material hay dos piezas especialmente importantes para mí.

Una es una camiseta firmada por Cam Jordan. No solo por quién la firma, sino porque tuve la oportunidad de conseguir su autógrafo personalmente.

La otra es mucho más pequeña, pero me conecta directamente con los primeros años de los Saints: un cromo firmado por Danny Abramowicz, uno de los grandes jugadores de los primeros años de la franquicia.

Dos piezas de épocas completamente diferentes que resumen muy bien lo que terminó convirtiéndose para mí esta afición: seguir al equipo del presente mientras descubro y conservo su historia.

Hasta ahora solo he tenido dos oportunidades de ver a los Saints en directo, y las dos han sido en Londres: en 2017 y en 2022. Poder ver sobre el césped al equipo al que llevaba años siguiendo desde la distancia convirtió aquellos dos partidos en momentos muy especiales. Era lo más cerca que había estado de vivir a los Saints como los viven sus aficionados cada domingo.

Pero todavía queda pendiente el gran viaje.

Espero que 2027 sea el año en el que por fin pueda viajar a Nueva Orleans y ver a los Saints jugar en el Dome.

Después de tantos años siguiéndolos desde España, entrar por primera vez en ese estadio será cerrar un círculo que comenzó en 2011, viendo un Saints-Lions y preguntándome quién era aquel tipo con el número 9.

Nunca he cambiado de equipo en ningún deporte. Cuando elijo uno, es para siempre. Y con los Saints no ha sido precisamente fácil. Las desgracias y decepciones que hemos vivido durante estos últimos años podrían haber sido motivos suficientes para cansarse. Pero, de alguna manera, también forman parte de aquello que hace especial seguir a este equipo. Quizá tenga algo que ver con aquello que me atrajo de los Saints cuando empecé a conocer su historia: caerse, levantarse y volver a creer. Porque, por mal que vayan las cosas, simplemente no puedo perder la esperanza de volver a ver a los Saints ganar un trofeo.

Y cuando llegue ese día, quiero estar ahí para vivirlo.